Mi primer recuerdo es algo traumático, no se si será el primer recuerdo que tengo, pero debe ser uno de los primeros: Iba corriendo por el pasillo de la casa cuando de pronto me hago pipí. En esos tiempos los pañales desechables eran un lujo de pocos y mis pañales de género no resistieron el embate del líquido y se pasaron. Creo que luego de ese evento empezó la campaña por poder controlar los esfínteres.
Me acuerdo que cortarme el pelo era todo un show, desde chico nunca me gustó y la sra Iris iba a mi misma casa a cortármelo. Era sagrado el tener que comprarme un paquete de chubi para que me lo comiera y me dejara cortar el pelo tranquilo.

La señora Iris cortándome el pelo (mi papá en ese tiempo no tenía canas)
Aprendí a jugar ajedrez a los 3 años (a mover las piezas por supuesto porque de jugar no le ganaba a nadie) y a la misma edad leí mi primera frase. Recuerdo aquel día en la casa de los naranjos 182, mi papá estaba leyendo el diario y yo estaba jugando en el living cuando de pronto leo aquel titular de letras rojas: "Lo mató el SIDA". "Lo mato el SIDA" dije yo (nótese que dije mató sin el acento en la o) para sorpresa de todos en la casa, "el niño aprendió a leer" exclamaban todos. De ahí no paré, leía mi libro de historias bíblicas y respondía leyendo las preguntas de "la Atalaya" en el salón del reino de los testigos de Jehová para maravilla de todos los "hermanos" presentes.
A los 4 años, en el jardín infantil conocí a mi primer amor: su nombre era Tamara, y cuando pasábamos por su casa en las rocas yo gritaba con mi media lengua "Tamarra te quierro" (marcaba un poco la "erre" yo en ese tiempo).

yo bailando con "Tamarra"
Ella al año siguiente se fue a vivir a Santiago, mal presagio para lo que sería mi vida: siempre que encontraría a alguien estaba la sombra de duda con respecto a que abandonaría la ciudad. Recuerdo una vez que jugando me pegué con una mesa, mi mamá para "aliviar" mi dolor le grita a la mesa "mesa tonta" y le pega. No se si los adultos pensarán que uno por ser niño era weon o qué, pero a mis escasos 4 años comprendía que la mesa no escucha ni siente y pensé seriamente que mi mamá se estaba volviendo loca al interactuar con una mesa. Recuerdo que iba al Kinder de la escuela E-87 cuando tuve que partir de Antofagasta a Calama en 1992.

yo disfrazado de señor corales en el kinder, aunque todos pensaban que era mago, pero no, era el señor corales.
Los primeros días en Calama fueron geniales, a la semana siguiente de llegar conocí la nieve, si, la de verdad, de esas con las que podías hacer monitos de nieve. Nosotros por supuesto que hicimos uno, con mis dos hermanos en el patio de la casa. Ese año no terminé el Kinder en Calama pero no fue impedimento (por mis cualidades cognitivas) de entrar a primero básico en 1993, aunque ese ya es otro año, otra ciudad, otra vida para otra historia.
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