
Leyendo mi diploma de mejor compañero en primero básico
Recuerdo que a mediados del 93 me cambié de casa, justo al lado de una compañera de curso. Su nombre era Yenay-lyn Arellano y fue la primera niña que me gustó en Calama. Nos sentábamos juntos y nos tomábamos la mano por debajo de la mesa de la escuela cuando dejábamos de escribir lo que dictaba la profesora. Siempre iba a mi casa y se tiraba en la alfombra, y jugábamos, inocentemente. Éramos bastante inocentes en ese entonces, me pregunto que "no" haría ahora si una mina se tira en la alfombra del living de mi casa.
Una de las cosas importantes que me pasó en Calama fue mi primer encuentro cercano con un videojuego: nosotros siempre íbamos de visita a la casa de mi tia Gloria a ver a mi prima María Bernarda y al tio Reinaldo, quien tenía una computadora IBM con microsoft DOS, la última generación de computadores de escritorio. Pasaba muchas horas jugando esos juegos de 8 bits, apretando como mil comandos para entrar en ellos (ch dir

bailando en una actividad de mi curso en cuarto básico
En cuarto básico llegó una niña nueva a la clase. Su nombre era Nadia Andrea Cortés Ponce (aún me sé su nombre completo y debo reconocer que fue la primera persona que busque en facebook para contactarme con ella). Debo admitir también que fue la primera persona que me gustó "en serio": Le dedicaba canciones, le escribía cartas de amor, tenía la fortuna de sentarme detrás de ella en clase y siempre le hablaba, etc. Fue también por supuesto mi primera desilusión amorosa. A ella le gustaba un niño llamado Daniel, también del curso y del grupo de amigos con el que me juntaba, siempre era yo, el Jorge, el Edgardo y el daniel. En ese tiempo no me dolía tanto que ella lo prefiriese a él, ahora me duele más pues por facebook se que Daniel es "autonomista" (léase ultrón, mono, etc) y de verdad duele cuando alguien prefiere a un ultrón antes que preferirte a ti. En ese mismo año tuvimos que volver a Antofagasta, como si eso fuese un mal presagio de estar condenados a dejar los sentimientos debido a distancias geográficas (Primero Tamara y luego Nadia, era demasiado para mis escasos 9 años).

Yenay-lyn (de pie con delantal), Nadia (Bailando de vestido) y yo (de amarillo) en la misma foto
Mi infancia pasó sin sobresaltos y recién comprendí que había sido sumamente distinta y extremadamente "bíblica" al entrar en la pre-pubertad. En Antofagasta nuevamente, a los 10 años, una década de vida, una ciudad totalmente nueva a la que había dejado 4 años atrás, otra historia más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario